Durante los días jueves 23, viernes 24 y sábado 25, se desarrolló en la localidad de Licanray un significativo Encuentro de Pastoras, instancia de adoración, intercesión y comunión espiritual que congregó a cerca de 80 mujeres líderes de la Iglesia Pentecostal Apostólica provenientes de distintas zonas del país. Este encuentro, esperado con profunda expectación, representó un tiempo de fortalecimiento espiritual y compañerismo, en el que el Señor se manifestó de manera especial, trayendo renovación y unidad al cuerpo ministerial femenino de la Iglesia.
Bajo el lema “Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros” (Ezequiel 36:26), las jornadas se desarrollaron en un ambiente de adoración genuina, reflexión bíblica y fraternidad. Diversas pastoras compartieron exposiciones inspiradas en la Palabra, dirigidas a fortalecer la fe, renovar el compromiso ministerial y reavivar el llamado al servicio. Cada intervención fue recibida con gratitud y conmovió los corazones de las asistentes, quienes encontraron en la Palabra un bálsamo espiritual para sus vidas y ministerios.
El tiempo de intercesión fue uno de los momentos más profundos del encuentro, marcado por la presencia del Espíritu Santo y por un clamor conjunto por la Iglesia, las familias y las nuevas generaciones. Las alabanzas y testimonios dieron cuenta del mover de Dios entre las participantes, reafirmando la importancia de estos espacios de encuentro y renovación para quienes día a día sostienen la obra del Señor en sus comunidades.
En la jornada final, las pastoras participaron de la Santa Cena, acto que simbolizó la comunión y unidad en Cristo, constituyéndose en el cierre perfecto de un encuentro bendecido de principio a fin. Como expresó la Pastora Irene, una de las organizadoras del evento, “se vivió un lindo espíritu de compañerismo, de amor fraternal y de profunda gratitud al Señor por permitirnos reencontrarnos después de tanto tiempo”.
El Encuentro de Pastoras 2025 en Licanray quedará en la memoria de todas las asistentes como un tiempo de restauración, palabra viva y presencia divina, que reafirma el rol fundamental de las mujeres en la obra de Dios y la necesidad de mantener espacios que fortalezcan su caminar espiritual y ministerial.




